Elaborado por: Jiménez Rodríguez Mario Salvador
Noviembre de 2010.
INTRODUCCIÓN
Perfilándonos hacia la conclusión del Diplomado en Competencias Docentes que el Gobierno Federal a través del Programa de Formación Docente de Educación Media Superior (PROFORDEMS) ha organizado como parte de las políticas educativas dirigidas por la Secretaría de Educación Pública (SEP); se pretende crear el Sistema Nacional de Bachillerato (SNB) donde el desarrollo de competencias académicas representa la sustancia mágica para resolver el rezago educativo que adolece nuestro país y perfilar a nuestros estudiantes con una serie de aprendizajes que le permitan enfrentar la agudeza del mundo globalizado.
En éste tercer Módulo intitulado: Gestión Institucional para Docentes, se pretende reforzar las competencias adquiridas durante su formación en el diplomado por el profesor participante aproximándolo a escenarios reales, y dotado de los aprendizajes y las herramientas indispensables para hacerle frente en cada uno de nuestros centros de trabajo.
En el presente ensayo se abordarán las dificultades que hemos experimentado para delimitar los contenidos, hallazgos en la realización, las posibilidades que ofrece el modelo basado en competencias académicas, así mismo, los riesgos o limitaciones del enfoque y su aplicabilidad en nuestros centros escolares.
DESARROLLO
Uno de los principales problemas que se han presentado para la realización no sólo de los ejercicios del Módulo III sino de todo el Diplomado es el adoptar una postura basada en competencias académicas, esto es, estar convencidos de que el modelo es (o por lo menos parte de) la solución al problema educativo de nuestro país. De tal forma, buscar los acuerdos más que las diferencias en los puntos de vista que como es natural y deseable en todo ser humano, se torna difícil sobre los perfiles que queremos desarrollar en nuestros estudiantes. Recordando a Freire (2003, p. 27) es importante identificar lo que él llamó “educación ´bancaria´, que deforma la creatividad necesaria del educando y del educador”, donde enseñar no es solo transferir conocimientos y por tanto, sí generar los aprendizajes que le permitan al alumno desarrollar esa capacidad de “curiosidad epistemológica” en nuestros estudiantes, que les permita descubrir el mundo inmenso, inacabado.
Así mismo, tener claro que el modelo basado en competencias como refiere Rodríguez Villamil (2008, p. 73), resulta ser una perspectiva que nos orienta a “aprender por aprender, no para transformar la realidad, sino para mantenerla”.
Por lo cual, perder de vista la crueldad del modelo capitalista solo nos convierte en reproductores de un modelo que reproduce las instancias de poder no su transformación, por lo cual, Freire (2003, p. 122) comenta que “el discurso ideológico de la globalización busca ocultar que ella viene robusteciendo la riqueza de unos pocos y verticalizando la pobreza y la miseria de millones.” Cometer dicho error solo nos incrusta en el engranaje del vertiginoso aparato del poder.
De allí el conflicto sobre los perfiles, ¿qué tipo de alumnos queremos formar?, ¿competentes para qué?, ¿para resolver los problemas tecnológicos de la grandes empresas capitalistas?, ¿para adoptar una actitud sumisa ante los potentados?.
En gran medida, para destrabar el asunto, optamos por adecuarnos a lo que plantea el programa, no obstante, con la inquietud de estar plenamente convencidos del fondo educativo.
Desde luego que es importante sistematizar los programas escolares, que el docente investigue y domine los contenidos de su materia, pero sin perder de vista el objetivo de sus enseñanzas.
Dentro de los hallazgos podemos mencionar el haber descubierto diversas estrategias didácticas en el ámbito pedagógico, el compartir escenarios dispares e inequitativos de los centros escolares de los compañeros que conformamos el grupo, así mismo, la rigidez de las normas institucionales y las limitadas herramientas con que cuenta el docente para desempeñar su labor. También hallamos la verticalidad en la toma de decisiones por parte de las autoridades educativas y el acatamiento de las disposiciones gubernamentales para poder ser considerados existentes en la formación escolar.
En lo que respecta a las posibilidades que ofrece el modelo basado en competencias podemos citar el trabajo colaborativo, que si bien rompe con la vieja idea de la enseñanza individual y el concebir a los alumnos como recipientes de conocimientos, cabe destacar, que el segundo módulo permitió aproximarse a dichas conceptualizaciones del trabajo docente y éste a su vez generar la reflexión en cada uno de los participantes. Por otro lado, intercambiar experiencias de programas y buscar las coincidencias en formatos similares para estandarizar los objetivos, contenidos y procesos de evaluación.
En cuanto a sus riesgos o límites podemos mencionar los que se refieren a la nulidad en cuanto al análisis epistemológico del modelo, esto es, dejar al margen los temas relacionados con las formas y procesos en que se concibe la realidad y cómo es que el alumno comprende, los niveles de comprensión y el análisis socioeconómico y político de los egresados; debido a que son temas irrelevantes para el modelo imperante.
Pensar si es viable su aplicación en los centros escolares, considero que sí, y más si es una condición para mantener el empleo, incluso el conductismo sería una alternativa si se aplica de manera sistemática; no significa que cualquier modelo es útil para nuestra realidad mexicana, pero tal vez no la pertinente.
Se avizoran millones de desempleados, más los que ya se han acumulado por varias décadas bajo un modelo socioeconómico que no cede a su poder, pero bien formados en competencias.
CONCLUSIONES
Es triste decirlo, pero de no hacer nada a participar en un Diplomado pagado por el Gobierno Federal (esto es, nuestro dinero que se recauda a través de nuestros impuestos) ya es algo, por lo menos no se quedan con todo, es un pequeño paso en lo que nuestro país necesita para remontar el rezago educativo, aunado a ello se deben generar políticas integrales, que involucren al sector económico, social, de salud, cultural, etc.; donde la voluntad política no sea un voluntarismo con más de lo mismo.
En espacios como éste podemos generar los procesos de cambio, no al revés, por mandato. Nuestras autoridades educativas deben salir a recorrer el territorio y conocer las demandas educativas que las escuelas requieren con urgencia. Generar una política educativa integral, mejorar el salario de sus docentes, evitar la sobrecarga de trabajo y elevar así cada vez más el nivel educativo de nuestro país.
Tratando de responder a la pregunta ¿qué aprendí?, puedo decir que aprendí a delimitar contenidos en coordinación con mis compañeros de equipo, a elaborar formatos de programas por materia donde se alinean los objetivos, con los contenidos, sus productos y su evaluación.
¿Cómo lo aprendí?, leyendo los materiales recomendados por el diplomado, asistiendo a las sesiones presenciales y enviando mis tareas con el instructor para recibir su retroalimentación.
BIBLIOGRAFÍA
Chan, Tiburcio (2000), Guía para la elaboración de materiales orientados al aprendizaje autogestivo, Innova, U. de G.
Freire, P. (2003). Pedagogía de la Autonomía. Editorial siglo veintiuno, Argentina.
Gilar, Corbi R. (2003) Adquisición de Habilidades Cognitivas. Tesis doctoral Cap.1
Rodríguez Villamil, H. (2008). Del Constructivismo al Construccionismo: implicaciones educativas. En Revista de Educación y Desarrollo Social. Bogotá, D.C. Colombia. Volumen II, No. 1. Enero – Junio. Páginas 71-89.
No hay comentarios:
Publicar un comentario